ARTICULO: Bioeconomía y economía circular como oportunidad para América Latina y el Caribe

ARTICULO: Bioeconomía y economía circular como oportunidad para América Latina y el Caribe

La región de América Latina y el Caribe enfrenta el desafío de crecer más y mejor. Marcada por una escasa diversificación productiva, rezagos en la inversión y una elevada dependencia de actividades basadas en recursos naturales, la búsqueda de nuevos motores de desarrollo continúa siendo una prioridad, con grandes oportunidades. En este contexto, la bioeconomía y la economía circular emergen no solo como conceptos ambientales, sino también como potentes estrategias para transformar sistemas productivos, generar valor agregado e impulsar la innovación.

Estos temas fueron abordados durante el seminario Bioeconomía y economía circular para el desarrollo productivo sostenible, organizado por la CEPAL los días 23 y 24 de septiembre de 2026.

Pero ¿qué entendemos por bioeconomía? La CEPAL la define como un modelo de desarrollo basado en la producción, utilización, conservación y regeneración de recursos biológicos para generar bienes y servicios de manera sostenible e inclusiva. Más allá de los sectores tradicionales, la bioeconomía busca aprovechar el conocimiento científico, la biodiversidad y los recursos biológicos para desarrollar nuevos productos, materiales y servicios de mayor valor agregado.

Por su parte, la economía circular propone cambiar la lógica tradicional de «extraer, producir y desechar» por sistemas en los que los residuos se conviertan en recursos, los productos permanezcan en uso el mayor tiempo posible y los ecosistemas puedan regenerarse. Para ello, se apoya en tres principios fundamentales: eliminar los residuos desde el diseño, mantener el valor de materiales y productos en circulación y regenerar los sistemas naturales.

La bioeconomía y la economía circular se potencian mutuamente. Mientras la primera se enfoca en aprovechar sosteniblemente los recursos biológicos y la biodiversidad, la segunda busca maximizar su valor con mayor eficiencia. La convergencia de ambos enfoques abre oportunidades para crear nuevos negocios, reducir impactos ambientales y fortalecer la competitividad territorial.

Un espacio de particular interés durante el evento fue el panel «Articulación productiva y economía circular, una relación de doble vía», en el que se presentaron iniciativas concretas impulsadas por clústeres y redes empresariales de toda la región. Los proyectos mostraron cómo estos principios pueden materializarse en iniciativas de articulación productiva.

Entre los ejemplos destacados, el Clúster de Frutas y Agrologística de Panamá presentó una propuesta de transformación de la gestión de los residuos plásticos agrícolas mediante la creación de un centro de acopio y clasificación, la implementación de esquemas de reciclaje y el desarrollo de capacidades locales para certificación y trazabilidad. La iniciativa combina competitividad exportadora, sostenibilidad ambiental e inclusión, demostrando que la economía circular puede convertirse en un activo colectivo para todo un sector productivo.

Otro caso relevante fue el del Clúster Cárnico Bovino de Antioquia, Colombia, que propone convertir subproductos ganaderos tradicionalmente considerados residuos en biofertilizantes, energía renovable e insumos para la agricultura. El proyecto incorpora biodigestores, biofábricas y sistemas de valorización energética que permiten cerrar ciclos productivos, reducir costos y generar nuevas fuentes de ingresos para los actores de la cadena.

Desde el sector industrial también surgieron experiencias innovadoras. En Colombia, el Clúster de Construcción de Manizales presentó una iniciativa orientada a transformar residuos de construcción y demolición en materias primas secundarias para nuevos usos productivos. A través de esquemas de simbiosis industrial, materiales como vidrio, metales y otros subproductos dejan de ser un costo para convertirse en oportunidades de negocio dentro de la propia red empresarial.

La transformación digital tuvo un papel destacado durante la jornada: los proyectos de los clústeres textil y moda de Ecuador y Perú plantearon plataformas de trazabilidad y pasaportes digitales de producto para demostrar el origen, la composición y el desempeño ambiental de los productos. Estas herramientas ponen de relieve la sostenibilidad como una ventaja competitiva verificable, facilitando el acceso a mercados internacionales cada vez más exigentes en materia ambiental y social.

Un aprendizaje del seminario es que la transición hacia la bioeconomía y la economía circular se potencia a través de ecosistemas colaborativos. Los clústeres y otras iniciativas de articulación productiva, así como las alianzas entre empresas, gobiernos, academia y organismos internacionales, permiten compartir riesgos, generar economías de escala y acelerar la adopción de innovaciones.

En este contexto, CAF —banco de desarrollo de América Latina y el Caribe— aporta valor como aliado estratégico para acelerar la transición hacia modelos de desarrollo productivo más sostenibles, inclusivos y competitivos. Con su apoyo a iniciativas de articulación productiva, clústeres, cadenas de valor y ecosistemas de innovación en América Latina y el Caribe, CAF facilita la transferencia de conocimiento y, en el marco del encuentro señalado, proporcionó orientación para vincular estas iniciativas con fuentes de recursos adicionales que contribuyan a que los principios de la bioeconomía y la economía circular se traduzcan en proyectos concretos de inversión, fortalecimiento empresarial y cooperación regional.

Más que una agenda ambiental, la bioeconomía y la economía circular se están consolidando como elementos estratégicos de la agenda de desarrollo productivo, competitividad y creación de valor para América Latina y el Caribe.